En la tierra de los santos I-II-III-IV. (quadríptico)
- 4 x 80 x 80 cm
- Óleo-oro-lienzo
- Pintura de Tamás Náray
- La obra forma parte de la serie 'Bizancio, la cuna de la inmortalidad'
- La obra es de propiedad privada

I. El Reino de Jerusalén se estableció durante la primera cruzada, sus fundadores llegaron del Reino de Francia, por lo que la mayoría de los reyes de Jerusalén y la élite gobernante eran de origen franco.
II. El Condado de Edesa, un estado cristiano establecido en Tierra Santa. El Condado de Edesa fue el único estado cruzado que no tenía costa, ya que se encontraba en el interior. Su territorio estaba dividido por el Éufrates, separando el condado en partes oriental y occidental.
III. El Condado de Trípoli fue el último estado cruzado en ser fundado, abarcando el territorio del actual Líbano y las costas sirio-palestinas. Con la creación del condado, los estados cruzados extendieron su dominio a toda la costa mediterránea.
IV. Constantinopla - Las cruzadas, a cuyo tiempo ahora retrocedemos, significaron muchas cosas diferentes para muchas personas en esa época. No existía una narrativa unificada para esta locura, pero sí muchos aventureros. Por lo tanto, no hubo un proceso evolutivo en el concepto de portar la cruz ni en su calidad. Sin embargo, para los representantes de la Iglesia católica y los europeos, fue una cruzada legítima, una guerra santa por una causa justa, organizada por la convocatoria del Papa Urbano II, y que supuestamente serviría para defender y difundir el cristianismo, destruyéndolo todo a su paso.
Sin embargo, bajo el pincel del artista, el quadríptico no representa este periodo histórico difícil y triste, sino todo lo contrario: en los lienzos aparece una pureza celestial intacta. Se despliega ante nosotros un estado etéreo, una condición inmaculada después de la creación, que a la vez es portadora de la bondad innata del nacimiento. Los paisajes pintados bajo el cielo opalino y translúcido, en los colores de los minerales y la tierra, evocan el principio de los tiempos, cuando un estado de ánimo unificado flotaba en el horizonte. La simbología del quadríptico es fácil de interpretar: el mundo perfecto y maravilloso, diverso en su uniformidad paradójica, entregado por Dios, es moldeado y transformado por nosotros, los seres humanos de todos los tiempos, en lo que finalmente llegó a ser.
Fotos de la obra: